Quién soy...
Hola, soy Jane!
Tengo 46 años, soy bilingüe, trabajo y fui diagnosticada tarde: autista (2e) con TDAH. Lo cual es una frase bonita y concisa para una vida que transcurrió en su mayor parte como una pregunta sin respuesta.
Vivo mi vida de acuerdo a dos reglas sencillas:
1 – Trata a los demás como te gustaría que te traten.
2 – Intenta dejar el mundo un poco mejor de como lo encontraste.
Esa es toda la doctrina. Todo lo demás se deriva de esos dos puntos.
Lo más importante que me ha enseñado esta vida es lo siguiente: Nadie conoce realmente la experiencia de vida de otra persona.. Vemos comportamientos, resultados, fragmentos, pero nunca el contexto completo, la lucha interna, el esfuerzo invisible. Tener eso en mente me ha hecho más amable. Y más perspicaz. Ambas útiles.
El humor es mi idioma principal. Es mi herramienta esencial para sobrevivir, en parte porque conecta, en parte porque desarma y, si todo lo demás falla, al menos me haré reír yo misma. Porque “nadie espera la Inquisición española”—y nadie sale vivo de esta vida—así que más vale reírnos mientras estamos aquí.
¿Por qué existe este sitio?.
Se podría decir que es el fruto del amor entre la frustración acumulada y la necesidad de claridad.
Frustración por las reacciones que recibo cuando revelo que soy autista y/o neurodivergente.
Frustración porque todo el mundo conoce la palabra autismo, pero muy pocas personas pueden explicar realmente lo que significa.
Frustración por la desinformación, los mitos, los estereotipos y las suposiciones bienintencionadas, pero aún así perjudiciales, que siguen circulando libremente.
Este lugar también funciona como una especie de tarjeta de presentación viviente. Un espacio al que puedo redireccionar a las personas cuando mi revelación es recibida con confusión, comentarios incómodos o preguntas interminables, para así no tener que explicar mi existencia desde cero cada vez.
El verdadero punto de inflexión, el momento en que esto se convirtió en algo más que una idea, llegó después de que me invitaran a hablar en un grupo de apoyo para padres de niños autistas.
Observé cómo los padres conectaban puntos que antes no habían visto.
Noté alivio en sus voces cuando se dieron cuenta de que algunas dificultades no eran rebeldía o pereza, sino una cuestión de cableado.
Vi esperanza en sus ojos por el futuro de sus hijos.
Y fui testigo del silencioso dolor cuando comprendieron que algunas cosas que hacían por amor estaban, sin querer, causando daño.
Ellos se fueron con más comprensión y compasión hacia sus hijos.
Yo me fui con un sentido de propósito que nunca pensé que encontraría.
Si compartir lo que he aprendido y vivido puede facilitarle la vida aunque sea a un solo niño, o ayudar a un padre a comprender, o a un adulto a sentirse menos 'roto', entonces podré dejar este mundo satisfecha.
Este es ese esfuerzo. Desordenado, honesto, ojalá divertido, basado en hechos, ocasionalmente sarcástico o incómodo, y muy humano.
Bienvenidos...
“No necesito tener razón. Solo necesito que las cosas hagan sentido... (¡haz que haga sentido!)”.”
- Jane